Meando me hallaba, ayer noche en el baño público del Eroski de Sant Cugat, sujetando el pene con la mano derecha y arrascándome la cabeza con la izquierda, cuando después de la primera sacudida a mi cabeza la dio por pensar.
Reflexioné lo siguiente:
Mi mano está en mi pene. Mi mano, después de la segunda sacudida presionará el botón para que el urinario se limpie. Y luego, según lo guarro o limpio que me sienta ese día me lavaré las manos o no.
En el segundo punto es cuando saltaron las alarmas.
Amigos del género masculino, os invito a pensar, ¿cuántas miles de manos impregnadas de aromas y sustancias del pene han pulsado ese botón antes que tú?
Las mentes más perversas llegarán a decir: Si mi mano toca mi pene y después toca el botón y luego tú tocas el botón, es como si tú hubieses tocado mi pene. Entonces, ¿Cuántos miles de penes has tocado al pulsar el botoncito del baño?
Una vez más, amigos, os propongo no pulsar jamás ese botoncito del diablo. O mejor aún, os invito a no volver a mear en un baño público.
Feliz inicio de semana :)
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